El escritor
estadounidense, Dan Brown, llegó al podio de los más leídos con títulos como El Código Da Vinci y Ángeles y demonios, pertenecientes a la
serie del profesor Robert Langdon.
En 2013
volvió a la carga con la publicación de Inferno, una novela de intriga en línea
con las anteriores, que sin embargo cambia la temática religiosa por el arte
italiano y La Divina Comedia.
Robert
Langdon despierta en un hospital de Florencia con una herida de bala en la
cabeza sin recordar cómo ha llegado hasta allí. Junto con la doctora Sienna
Brooks vive una serie de persecuciones de origen desconocido y emprende una
búsqueda frenética para recuperar la memoria y frenar una posible plaga que
amenaza con cambiar la humanidad tal y como la conocemos.
Inferno es
una obra rica en historia del arte. Trata además algunos temas muy interesantes
como la sobrepoblación, la peste bubónica que asoló Europa en el siglo 14, o
los límites de la ciencia.
Sin embargo,
la trama pierde credibilidad cuando se repite de forma obsesiva la fórmula ‘’pista-huida’’,
y es que el profesor Langdon va de museo en museo, corriendo de revelación en
revelación, de una forma muy poco realista.
Afortunadamente
la prosa sencilla y el ritmo de narración permiten una lectura rápida y
entretenida, a excepción de unos pocos capítulos en torno a la mitad de la
trama, en los que parece que el escritor se excede en descripciones poco
relevantes.
La relación
entre Dan Brown y la crítica siempre ha sido como poco siniestra, y una vez
más, le han dado hasta en el cielo de la boca, lo cual no ha impedido su
adaptación en la gran pantalla recientemente a manos de Ron Howard,
protagonizada por el ya bautizado como profesor Langdon, Tom Hanks.
Sin bien es
cierto que la fama no viene siempre acompañada de calidad, en este caso si lo
hace de un poco de entretenimiento y algunas nociones de arte italiano, que
nunca vienen mal.
Juzguen
ustedes si lapidar o perdonar.

Arte italiano... Jummm... Coincidencia... No lo creo.
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